"...Verba volant Scripta manent..."

Eros gris (Poesía) - Fragmentos I, II & III (Poesía)

Vociferado en General el 1 de Enero, 2005, 4:35 por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton

I.
El dulce atentado de Eros contra la voluntad

Quebrados los aniñados huesos bajo tu altivo poder ignoto,

tú, tiránico,

bello hijo del Caos,

Encarnación gloriosa de Hímero.

.

.

.

(In)

tenso.

No hay arco de plata entre tus cabellos grises,
ni alas de dragón en tus infraespaldas,

ni liras orféicas en tus labios de oro,

convertidos ellos en un sedoso sueño de Psique.

Bosquejo, tú, de una pasión incompleta,
Mi garfio ubérrimo encantado,
...libre


Mitológicamente lasciva,

me

f

r

a

g

m

e

n

t

o

.

Un imperativo etílico brota de tu cuello,
enredando mis mejillas.

Y entonces, ángel monstruoso,
bebida hasta la médula,
empapada de tu rígido silencio,

retomo ancestral vuelo.

Inerme en tus sábanas,

Eros mío,

y virginal de piel y de intelecto

me divido:

tu voz juvenil
(que parece provenir desde tu pecho)

me amedrenta,
me apasiona,

y finalmente

-entregada mujer en sacrificio-

me vence,

Oh,

Mi gélido untuoso elíptico

tormento.

Destrozada mi voluntad, poseída mi cintura rota,
se escucharán mis ecos de ave muerta en tu ventana.

Me

f        r  a

                   g   men 

                                 to.

Dueño de mi femineidad,
dedos siniestros,
me posees,
y no te poseo.

Amada entre anécdotas y guitarras,
deseándote entre liras y palabras,

amándote triste y desordenada

me

                f                             a

                                      r                         g                                               n

                                                                                    m           e

                                                                                                                            t    

                                  

                                                                                                                                    o

.

II.
La sangre de Eros

Impulsada por Elektra,
Joven Afrodita
de tu cuerpo

-océanide-

dueña,

colmaré de primorosos veranos
tus gélidos otoños,
primavereando tus grises
con sonrisas.

Seré
hija
incestuosa

de Agamemnón
y
Clitemnestra.

Licuadas
Yuxtapuestas
Unidas,

de ambos
la
espesísima
sangre.

Unificados,
Holos,
no habrá distinción,
ni tú,
ni yo,
ni tu pubertad
ni mi vejez.

Y entonces, sin saberlo,
serás mío.

Crudísima comunión
del cuerpo.
Desde el bajo mundo,
elevado al Cielo.

En cruentas batallas,
despertaré a tus venas.
Clavaré mis dientes
en cada una de ellas.

Entregada mi juventud definitiva,
vivirás

Eros, 

para siempre.

III.
La sacra habilidad de Hefestos

Eros,

(transmutado en Hefestos)

-valeroso satán,
habilidoso artista del azufre,
infranqueable piel de querubín-,

sabe jugar con fuego

sin quemarse.

Posee,

lúdico,

Serafín delicado,

"El don de la experiencia".

Véanlo mortales
insertar sus manos en una ardorosa llama,
el grotesco gesto maligno,
la carcajada somnífera.

Modela,
en arcilla,
los sueños.

Fuego fatuo de inteligencia infinita. Instalado en mi cerebro el inútil y glorioso deseo.

Mentalidad avérnica,
lóbregas manos de belleza impoluta

Atraviesa las rejas del pensamiento,
sardónico sonríe,

sin quemarse.


Y su puñal ritualizado se ilumina con la oscuridad de la luna.

Véanlo mortales
insertar sus manos en una ardorosa llama,
el grotesco gesto maligno,
la carcajada somnífera.

Su crueldad es dulce,
esclava soy psique de su imperio de pasión.

Sabe gritar amores

que no sentimos.

(O es que el formato no importa)

Véanme mortales
insertar mis manos en una ardorosa llama,
el grotesco gesto maligno,
la carcajada somnífera.

Caminando sobre brasas, el cuerpo descalzo,
es mi corazón el que se enciende,

partido en mil pedazos,

y mis miembros entumecidos quienes se consumen bajo el espanto.

Llévame a tu hogar en el Hades, destroza lo poco que queda de mí. Juguemos a amarnos.
E invoquemos en aliento compartido la fascinación/ glorificación de Venus.

Véanme mortales
insertar mis manos en una ardorosa llama,
el grotesco gesto maligno,
la carcajada somnífera.

Lo siento Eros,

-seré discípula-

no he aprendido aún,
(mortalmente femenina),

a jugar con fuego.