Vociferado en General el 1 de Enero, 2006, 2:08
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
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Soy,
a veces,
un pájaro pequeño,
(o tal vez a regañadientes de tamaño mediano),
con el rigor de las cadenas en las alas.
Vivo,
a veces,
agachado (agachadito agachado)
bajo el aturdidísimo secreto del destino.
Poco se respira,
aquí,
. . .
en la jaula.
Supe bien.
Todos mis amaneceres
eran
iguales.
.
Soy,
o mejor dicho,
fui.
Una fuente de lágrimas.
BUT.
. . .
Un día de tus manos brotó una sonrisa,
(o no recuerdo si fue un abrazo),
y del hierro creo que nacieron flores,
o me parece que un sol o más de uno.
Y entonces la jaula no era sino tu cama,
y las puertas de ambos estuvieron abiertas. Y de la fuente de lágrimas rezumaron un par de caricias,
quién hubiera esperado, eso, de otro pájaro.
Rodeados de estampillas, qué suerte,
amor.
Ya todos mis amaneceres no son iguales.
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Vociferado en General el 5 de Octubre, 2005, 5:05
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
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I.
Si cierro los ojos,
o los entrecierro somnolienta,
pegando dulces las pestañas;
si frunzo los labios con un beso invisible,
lacrimógena, pequeñita
recién - estrenada virgen-niña,
descubro:
que no hay ni una flor seca,
entre las hojas de los libros;
ni el rastro de licorería divina entre las sábanas;
no hay manos en mi pecho,
ni vida,
ni flores o libros,
hum...
cof cof...
en mi vientre.
Si pego la vista contra el papel,
o el vidrio,
si me pican las mejillas por la lana de un pullover,
descubro:
las mejillas,
las mías,
vacías,
ni un beso seco entre las flores de los libros.
El mundo,
transcurre sin flores secas,
o vivas,
de libros, en mi vientre.
El licor se seca entre las hojas,
y no hay mejillas en tu pullover.
Tríada únada,
y el pullover de dos corazones.
¿Es justo un mundo sin pullóveres,
digo, sin mejillas,
digo, sin flores?
La otra mejilla -zwei- sabe. Siempre supo.
Supo de las rosas de mi boca que se dibujaban en tu cuerpo.
Y de mi nariz, pequeña, hundida entre los libros.
Pero las mejillas, digo, las flores,
no duran para siempre.
Ni tu pullover.
Alguien más,
dicen,
de la tríada ha triunfado:
El tres es
dos
-yo una-
y ella -dos-
se ha llevado el trono coronado,
aún sabiendo que la poseen,
mil tronos,
((el aire que despliega su garganta
¡es de todos, todos lo saben!)),
Ella, una.
y
yo,
nada.
Ni libro,
ni mejillas,
ni licor.
Ni flor seca.
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Vociferado en General el 19 de Agosto, 2005, 5:15
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
Preludio.
Venus,
¿Es preciso rogar
por tu sonrisa?
Los hombres clamamos de bruces
de ceguera,
de corazón roto,
por la Belleza,
¿te causa simpatía?:
sabe el Cielo,
no tenemos ojos
para verla.
.
. .
Fuga.
Nada más simple
que la sonrisa
de Venus.
Las mejillas encendidas, las pupilas reverdecidas de celeste.
Nada más simple.
Nada más simple que la sonrisa de un ángel,
Y nada más honesto que la vecindad de lo invisible.
Nada, nada, nada más gloriosa,
suave,
incólume,
impolutamente
simple
que la cálida inmovilidad eterna de la sonrisa blanca de un ángel celeste.
Las pequeñas sensuales mejillas encendidas de fuego, las marfilíneas pupilas ennegrecidas de verde.
Nada más endemoniadamente
simple.
¿Qué será de nos, mortales,
ante la
simplicidad
angélica
de lo inmortal?
¿Qué humano
pudo,
alguna vez,
enfrentarse desnudo
a la divinidad?
Nada, todo,
nada más
incorrectamente imposible-simple
que la sonrisa retorcida inversa hacia atrás hacia adelante
que la cordura humana resuelta ante la imponencia angélica -Venus-
nada, todo, nada es imposiblemente simple
como la sonrisa engañosamente austera de un ángel.
Todo es inversamente simple.
¿Y qué será de nos, mortales,
que no sabemos ver el Cielo, ni reconocer de Afrodita sus desmanes, viviendo, las manos cerradas, los ojos fijos en la tierra?
Nada más simple que la sonrisa de un ángel.
N
a
d
a
m
á
s
s
i
m
p
l
e
.
Venus se presentará a los hombres muertos sin que podamos
percibir sus beneficios, humanos sin párpados,
sin ojos para
la
Belleza.
Nada es esencia y su contrario el todo, nada nos une ángel, si es que somos uno
Sin dudas más de lo que creemos nos pertenece y nos divide para volvernos materia única No creo que haya algo tan simple como eso.
Nada es todo, el todo es la nada
más aún sabiendo que nada-todo es más
simple y limpio
que la belleza de Venus y
la ingratitud de su
sonrisa
de amantes erráticos no hay piedad
para
un paciente
ángel.

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Etiquetas: Venus - Preludio y Fuga
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Vociferado en General el 1 de Enero, 2005, 4:35
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
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I. El dulce atentado de Eros contra la voluntad
Quebrados los aniñados huesos bajo tu altivo poder ignoto,
tú, tiránico,
bello hijo del Caos,
Encarnación gloriosa de Hímero.
.
.
.
(In)
tenso.
No hay arco de plata entre tus cabellos grises, ni alas de dragón en tus infraespaldas,
ni liras orféicas en tus labios de oro,
convertidos ellos en un sedoso sueño de Psique.
Bosquejo, tú, de una pasión incompleta, Mi garfio ubérrimo encantado, ...libre
Mitológicamente lasciva,
me
f
r
a
g
m
e
n
t
o
.
Un imperativo etílico brota de tu cuello, enredando mis mejillas.
Y entonces, ángel monstruoso, bebida hasta la médula, empapada de tu rígido silencio,
retomo ancestral vuelo.
Inerme en tus sábanas,
Eros mío,
y virginal de piel y de intelecto
me divido:
tu voz juvenil (que parece provenir desde tu pecho)
me amedrenta, me apasiona,
y finalmente
-entregada mujer en sacrificio-
me vence,
Oh,
Mi gélido untuoso elíptico
tormento.
Destrozada mi voluntad, poseída mi cintura rota, se escucharán mis ecos de ave muerta en tu ventana.
Me
f r a
g men
to.
Dueño de mi femineidad, dedos siniestros, me posees, y no te poseo.
Amada entre anécdotas y guitarras, deseándote entre liras y palabras,
amándote triste y desordenada
me
f a
r g n
m e
t
o
.
II. La sangre de Eros
Impulsada por Elektra, Joven Afrodita de tu cuerpo
-océanide-
dueña,
colmaré de primorosos veranos tus gélidos otoños, primavereando tus grises con sonrisas.
Seré hija incestuosa
de Agamemnón y Clitemnestra.
Licuadas Yuxtapuestas Unidas,
de ambos la espesísima sangre.
Unificados, Holos, no habrá distinción, ni tú, ni yo, ni tu pubertad ni mi vejez.
Y entonces, sin saberlo, serás mío.
Crudísima comunión del cuerpo. Desde el bajo mundo, elevado al Cielo.
En cruentas batallas, despertaré a tus venas. Clavaré mis dientes en cada una de ellas.
Entregada mi juventud definitiva, vivirás
Eros,
para siempre.
III. La sacra habilidad de Hefestos
Eros,
(transmutado en Hefestos)
-valeroso satán, habilidoso artista del azufre, infranqueable piel de querubín-,
sabe jugar con fuego
sin quemarse.
Posee,
lúdico,
Serafín delicado,
"El don de la experiencia".
Véanlo mortales insertar sus manos en una ardorosa llama, el grotesco gesto maligno, la carcajada somnífera.
Modela, en arcilla, los sueños.
Fuego fatuo de inteligencia infinita. Instalado en mi cerebro el inútil y glorioso deseo.
Mentalidad avérnica, lóbregas manos de belleza impoluta
Atraviesa las rejas del pensamiento, sardónico sonríe,
sin quemarse.
Y su puñal ritualizado se ilumina con la oscuridad de la luna.
Véanlo mortales insertar sus manos en una ardorosa llama, el grotesco gesto maligno, la carcajada somnífera.
Su crueldad es dulce, esclava soy psique de su imperio de pasión.
Sabe gritar amores
que no sentimos.
(O es que el formato no importa)
Véanme mortales insertar mis manos en una ardorosa llama, el grotesco gesto maligno, la carcajada somnífera.
Caminando sobre brasas, el cuerpo descalzo, es mi corazón el que se enciende,
partido en mil pedazos,
y mis miembros entumecidos quienes se consumen bajo el espanto.
Llévame a tu hogar en el Hades, destroza lo poco que queda de mí. Juguemos a amarnos. E invoquemos en aliento compartido la fascinación/ glorificación de Venus.
Véanme mortales insertar mis manos en una ardorosa llama, el grotesco gesto maligno, la carcajada somnífera.
Lo siento Eros,
-seré discípula-
no he aprendido aún, (mortalmente femenina),
a jugar con fuego.
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Etiquetas: Eros Gris
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Vociferado en General el 1 de Enero, 2005, 4:30
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
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Vera, con sus orejitas de xilofón sin teclas, sus labios de playmobil, su espalda de rosadísimos pétalos, suele arañarme brusca,
muuuy dulcemente,
cuando sueña demasiado.
Todas las noches, todas las noches sucede lo mismo.
Abre los brazos primero, ocupando la inmensidad estrecha de la cama
y luego, sin titubeos,
clava las uñas anaranjadas a la izquierda -en el retrato de su hermano Eduardo- o a la derecha en mis mejillas (o en mis cejas o en mi espalda)
No araña, no, como las fieras salvajes o los candados sin llave.
Aunque parezca, no, no.
Sus uñas suaves tienen la calidez de una daga azucarada.
Instantes ha, habrá ella de contarme alguna hazaña. Pues siempre dice que gusta de permanecer quieta en la enorme grandeza de los bosques de mis piernas:
Confundirá niños con frutas, escupirá hacia arriba, me tomará por almohada. Cerrará los ojos.
Y luego, luego, habrá de dormirse.
Todas las noches, todas las noches sucede lo mismo.
O más bien, todas todas no. Porque si hace frío se torna imposible, delgada, grisácea. Es ella misma un epitafio del verano.
En cambio, si hace calor, le agarra por el lado de la expansión (digo, con indisimulada sonrisa de afecto).
Algunos microbios y seres invisibles (duendes, hadas, dragoncitos) se amuchan alrededor, un ecosistema se arma la flaca que da envidia.
Duerme. Eso sí.
Todas las noches.
Sus piernas robustas, troncos inderrumbables de eones, se multiplican, en serio, y nacen miles hasta la almohada, rotando, girando sobre sí mismas (ellas, las piernas, los dedos, las rodillas). Así, contorsionista Vera (y sólo así) se dispone a ahorcarme con su aliento.
No me desagrada su voz -ojo, para nada-, ni el aire que de ella pasionalmente respiro. Pero comienza primero perfumándome a duraznos, y luego, sin saber cómo, adquiere un extraño, inasible aroma a clorofila.
"Mññ" pienso, frunciendo el ceño.
Es hermosa, la observo. Es Inmensa. Es Mía. Y es, más allá de sí misma. Y entonces, nunca puedo dormir cuando se expande su corazón en mi cama.
Su aliento entonces revive, reviven sus piernas, revive toda ella envuelta en luchas físicas consigo misma... y en tanto, su seno de ménade se vuelve oscuro, amarronado, áspero.
Me quita las sábanas, aunque no las precise. Me quita el oxígeno (realmente parece precisarlo).
Finalmente erguida, su cuerpo es un cluster de piel y carne. Le nacen pimpollos en la pancita, hojas en los codos, escupe algún frutito mientras danza inmóvil y rígida sus sueños bucólicos.
Si hacemos el amor, me dice cálidamente que soy un peral. Y ella, no sé bien cuál fertilizante marca x.
Si no lo hacemos, mejor. Pues caso contrario, debo escupir luego la multitud de semillitas
o esquivar sus ansias de fotosintetizarlo todo.
Si tengo ya poco espacio en el cardumen espeso de la cama, pues entonces si puedo, me agarro de las uñas de los pies, que enraizadas y extensas, se clavan ya en la alfombra, la cómoda y en la silla en la que muchas veces me siento a maquillarme.
Morfeo ausente definitivamente, me siento a leer sus cuentos de fantasmas. Y enojada, enfurruñada ante el amanecer que me devolverá a la mujer que realmente sos, Vera, me pinto las uñas de verde manzana.
Todas las noches, todas las noches sucede lo mismo.
Pues, Vera, comprendeme demonios,
que odio profundamente que todas las noches te conviertas en árbol.

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Etiquetas: a Vera Mc Anna
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Vociferado en General el 9 de Julio, 2004, 16:34
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
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Algo,
algo del silencio áspero de las persianas cerradas,
se diluye
en la sonoridad plástica de tu piel hirsuta,
abierta,
mía.
(Canto, con mis manos pequeñas, a tu nariz, a tus partículas):
Cerrá los oídos, hermano dorado.
Abrí el mentón. Oí.
Que entre tus sábanas de siesta invernal soy tu reflejo.
Y la gelidez azul que se dibuja en tu insomnio,
(y en mis labios que te besan,
y en tus manos en mi pecho)
asciende por tus pies,
rodea tus rodillas,
se encarna en tu sexo y se eleva hacia tu cuello.
Penetra el invierno entre los poros,
encárnase
en
Você.
¿Oísss?
Soy-mos,
célula
efímera,
unidad
disoluble.
De la pasión a la muerte, a la regeneración, a la vida.
Sustancia simple no es compuesto.
Mézclese,
conmigo,
en mis brazos
Y luego
o
x
í
d
e
s
e
.
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Vociferado en General el 1 de Julio, 2004, 4:35
por Secretaria Claves Musicales, Natalia Cháneton
Cual rito, tribádico, augusto, entre pétalos blancos de rosa hago culto a tu sexo divino en tus piernas de pálida diosa.
Rotando el cuerpo, cual arpa; Enredadas, las piernas, un nudo. Nuestros labios, dos frutos pequeños; Remilgados, los pechos desnudos.
Mía, completa, agónica soy tu esclava, tu hermana, tu amante. Me diluyo en tus negros cabellos me confundo en tus ojos diamante.
Aniñada, tiemblo de gozo, Un espasmo, sacude tu seno, procelosa, temblando en mis brazos en ritual de besos en tu cuello.
Procaces, tus manos traviesas, son redes de caricias abiertas. Nos une un silencioso secreto, de mares y pasiones descubiertas.
Melodía bella, infinita la muerte y la tormenta del orgasmo de un rito que comienza y no termina y que encadena la alegría del hartazgo.
Soy tuya, soy tuya, eres mía Un océano nos colma probo las rosas diluyen los límites de los cuerpos, blancos, hermosos.
Soy mía, soy mía, eres tuya. No hay posesión, ni límites netos ni jerarquías, dominios o jefes en el amor certero entre mujeres.

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Etiquetas: Oda Átona
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